OBS

Desbloqueó el celular y volvió a escucharse en sus notas de voz:

Lunes. Ella llevó a los niños al cole. Él la despidió con un beso”.

Martes. Ella se quedó hasta tarde a la oficina. Él le llevó la cena”.

Miércoles. Ella y él trotaron juntos en el parque. Él la tomó de la mano”.

Un… dos… tres días de persecución: suficientes para hacerla sentir poca cosa frente a esa que él amaba.

Enrollada sobre su propio vientre, con las rodillas abrazadas, supo lo que tenía que hacer.

Consiguió levantar su cuerpo de plomo y salir del baño.

De pie, sin dejar de verse en el espejo gastado, tiró de la primera perilla de la vieja bufetera.

Deslizó su mano dentro y sintió, escondido bajo restos de dulces y bombones, el metal frío y liso en la palma.

Impávida, cerró los ojos y presionó su sien.

Pero, cuando el clic sonó, se atascó la bala. 

Devolvió la pistola al cajón, tomó una barra de chocolate y la engulló.

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